Cambiemos es el primer frente no peronista con chances de disputar el poder desde 1999

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El candidato a presidente por Cambiemos, Mauricio Macri, logró enhebrar junto con sus aliados de la UCR, la Coalición Cívica y Fe, el primer frente electoral no peronista con posibilidades reales de disputar el poder a nivel nacional desde 1999, al participar en el balotaje presidencial con el Frente para la Victoria y al haber ganado tres provincias, entre ellas la de Buenos Aires.

La coalición comenzó a gestarse en enero pasado y tuvo su sello definitivo en junio sobre el cierre de listas, y tras las dudas iniciales por el destino y su conducción -y hasta hubo tironeos en cómo denominarse-, logró el rédito electoral de entrar al balotaje y del batacazo histórico en la Provincia.

En enero pasado, Macri y Elisa Carrió sorprendieron con una foto, gestada en secreto, en la que anunciaban su alianza para competir en las PASO, un gesto que tenía como destinatario especialmente a la dirigencia radical, que dudaba de sumarse a un frente que iba a ser eventualmente conducido por el PRO.

Pero de la mano del presidente de la UCR, Ernesto Sanz, y de otros dirigentes de peso como el hoy gobernador electo de Mendoza, Alfredo Cornejo, y el diputado cordobés, Oscar Aguad, los contactos entre el macrismo y los radicales se incrementaron y “construyeron confianza”, como diría fuera de micrófono más de una vez uno de los operadores políticos que intervinieron.

Con Sergio Massa -candidato a presidente del Frente Renovador- al acecho para concretar su propio acuerdo con la UCR (tejía un entramado con Gerardo Morales, José Cano y Julio Cobos), Macri y Sanz decidieron acelerar los tiempos y el senador citó la Convención Nacional de Gualeguaychú, en la que los radicales -por resultado ajustado- definieron un acuerdo nacional con el PRO y la CC, dejando afuera al massismo, que en ese momento profundizó su caída.

Tras el acuerdo, la controversia fue alrededor de qué tipo de alcance tendría la coalición -crispó los ánimos la frase de Macri de que no habría un cogobierno y que quien ganara la PASO iba a conducir-, aunque ayudaron a cohesionar no sólo la expectativa de buen resultado sino de que PRO incorporaría al gabinete a dirigentes radicales (de hecho el primero anunciado fue Sanz, como eventual ministro de Justicia).

Tal vez el mayor acierto de Cambiemos fue definir una candidatura de unidad en la provincia de Buenos Aires, con María Eugenia Vidal, para apuntalarla y apostar a la polarización con el candidato kirchnerista, que terminó siendo Aníbal Fernández, y eso potenció las posibilidades del frente en un distrito esquivo al no-peronismo y mostró a Vidal como la más votada en forma individual en las PASO, posicionándola para polarizar el 25 de octubre.

En cuanto a los desaciertos, los ruidos internos del frente electoral recrudecieron por la elección porteña (bastión de Macri), en la que aliados nacionales se enfrentaron en lo distrital, llevando la puja hasta el extremo del balotaje, que por escaso margen dio el triunfo al delfín elegido por el presidenciable, Horacio Rodríguez Larreta.

Las PASO determinaron que Macri sea el conductor de Cambiemos, ganando por holgada mayoría junto a Gabriela Michetti a las otras dos fórmulas: Sanz-Llach y Carrió-Flores.

Con acuerdos cerrados en la abrumadora mayoría de las provincias, y con la estrategia comunicacional conducida a mano de hierro por el equipo de Marcos Peña, Cambiemos entró al balotaje disputando voto a voto con el oficialismo (Macri aumentó 10 puntos en la general con respecto a las primarias) y desde el 25 de octubre, tendió puentes con el massismo.

Si bien Massa explicitó que será “prescindente”, se cuidó de no recrudecer los cuestionamientos a Macri y dio a entender a los 5 millones de ciudadanos que lo votaron que él respaldaría una opción de cambio y no de continuidad (de hecho, en la Provincia, hubo declaraciones concretas en favor de la gobernabilidad de Vidal).

En las últimas cuatro semanas de campaña, Macri apeló al viejo axioma político para los que se consideran en posición ventajosa: evitó formular declaraciones polémicas o adelantar medidas que podrían resultar impopulares, incrementando sus visitas al interior y sus actos masivos.

A veces, Macri no pudo evitar verse enredado en los dichos en materia económica formulados por sus asesores -o por él mismo- y tampoco brilló en el histórico debate presidencial con Daniel Scioli, aunque para su equipo, alcanzó la meta de no salir perjudicado.

En la antesala del balotaje, Macri logró llegar hasta su meta mayor con un espacio heterogéneo más cohesionado de lo esperado y pudiendo resultar ser el primer presidente electo no peronista desde 1999, además del primero en la historia ungido por el voto popular y universal que no es afiliado al PJ ni a la UCR.

Fuente: Telam

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