El kirchnerismo y el chantaje organizado

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Cuando un kirchnerista pisa una oficina estatal, se sabe que algo trágico para el país puede pasar. Lo vivimos cuando gobernaron durante 12 años. Kicillof, tras “negociar” con el Club de París cuando era ministro de Economía, dijo que les “llenaba la cara de dólares”, pero terminó hipotecando el futuro de los argentinos. Nos dijeron que estatizando YPF y Aerolíneas Argentinas recuperábamos soberanía, y terminamos pagando fortunas por esas acciones y por los juicios posteriores (hasta hoy en día).

Allá por 2008, y viendo que se quedaban sin caja para “hacer política”, decidieron expropiar las AFJP, disolviendo de un plumazo las jubilaciones privadas y el ahorro de miles de argentinos. Y como las AFJP invertían el ahorro de los ciudadanos en acciones de empresas (para poder darle una buena jubilación cuando llegase la hora de retirarse de la vida laboral), la Anses pasó a tener distintos paquetes accionarios de una vasta cantidad de compañías. Y así fue como el personaje nefasto de Guillermo Moreno apareció en las reuniones de accionistas del Grupo Clarín, patoteando y armando un circo mediático sin precedentes.

Ninguna de esas acciones fue tomada a la ligera. Ese es su modus operandi. Cuando el kirchnerismo dice que “va por todo”, va por todo de verdad. Con la épica del “Estado presente”, justifican cualquier acción violatoria de las libertades de la gente y de la propiedad privada.

Y en esta nueva era, ahora que “volvieron mejores”, vemos que siguen extorsionando a los argentinos, nos siguen chantajeando, y con la sola finalidad de mantenerse en el poder y perpetuar una Argentina corrupta.

Así, el domingo pasado, 17 de mayo, se conoció la noticia de que la diputada kirchnerista Fernanda Vallejos anunció que presentaría un proyecto de ley para que el Estado se quedara con una parte de las compañías que “beneficia” por medio del Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP).

Luego, el 19 de mayo, la AFIP comunicó que ofrece un mecanismo para devolver los salarios de aquellas empresas inscritas en la ayuda estatal para pagar sueldos, pero que se “hayan arrepentido de participar”. Además, la AFIP informa que si se devuelve el dinero en cuotas, aplicará intereses.

Muchas veces se escucha (o lee) decir a los argentinos que “este país es increíble”, o que “no puede ser cierto” o que “parece de película”. Y es que vivir en Argentina puede resultar hasta cinematográfico (siendo una película tragicómica).

Imaginemos, por un segundo, Argentina sin Estado: no existirían los políticos, no existirían los empleados públicos, no existirían los jueces ni los fiscales, no existirían los planes sociales, no existiría la AFIP, y así, infinidad de cargos, instituciones o programas económicos.

Bien. El problema es que, en la sociedad, hay conflictos que resolver, entonces necesitamos la Justicia. Si la Justicia vendiese sus servicios, cobraría por ello, y entonces habría gente que podría pagarla y gente que no. Entonces, decidimos poner impuestos para que todos puedan acceder a la Justicia. También existen algunos servicios, como la seguridad, que si los proveyera un privado, habría quienes podrían pagarlo y quienes no, y si viniera una potencia extranjera a invadirnos muchos morirían, y los que tienen seguridad, probablemente no. Entonces ponemos un nuevo impuesto para financiar la seguridad. Y así nace el Estado, y como no puede vender sus servicios, porque beneficiaría a unos y perjudicaría a otros, se financia por medio de impuestos.

Entonces, tenemos un Estado (y todo lo que el Estado ofrece) financiado por medio de impuestos. ¿Y quiénes son los que financian esos impuestos? ¿Quiénes pagan? Pues, los que están registrados, o sea, los que están en blanco. Empresas, empleados, monotributistas.

Así, mientras más grande el Estado, más impuestos creará, para sacarle dinero del bolsillo a la gente, y financiar toda su maquinaria (que en la Argentina es ineficiente y no le brinda soluciones al que trabaja). Entonces, puede llegar un punto en que haya tantos impuestos, en que la gente decida comenzar a evadirlos, porque si los paga, sencillamente no le es rentable para su empresa, o para su vida en general. Ahí comienza la evasión fiscal, y entonces la AFIP te persigue por evadir, y si “te encuentra”, te multa, haciéndote más difícil sobrevivir. Así, cierran empresas, empleados pierden su trabajo, y todos somos un poquito más pobres.

Situación: llega el coronavirus a la Argentina. Se impone la cuarentena. Está prohibido trabajar. Si las empresas no producen, no venden. Si no venden, no generan ingresos. Si no generan ingresos, no pueden pagar sueldos. Si no pueden pagar sueldos, tienen que echar empleados o declararse en quiebra. ¡Pero no! ¡Llega el Estado para salvarte! ¿Cómo? ¿Me va a bajar impuestos y va a hacer mi vida más fácil? ¡Claro que no! Te va a seguir matando a impuestos, pero te regala plata (sí, te regala plata). Pero como el Estado te regala plata (que te sacó a vos por medio de impuestos) para pagar sueldos, ahora te dice que tiene que quedarse con parte de tu empresa. ¿No es un disparate?

El Estado primero te saca plata a vos, financia todo lo que se le ocurre con el objetivo de tener un “Estado presente” y de “ayudar a los menos favorecidos”. Cuando los que de verdad financian todo eso necesitan una mano, aprovecha la situación para darte plata de manera forzada (porque nadie quiso dejar de trabajar, sino que fue obligado), y después te dice que como te da plata, se va a quedar con parte de tu empresa. ¿No es chantaje eso? Y lo peor de todo, ahora te dan la opción de elegir entre recibir esa “ayuda” (y aceptar tener un nuevo socio que no hizo absolutamente nada más que cobrarte impuestos toda la vida) o devolverla y quebrar tu empresa.

Mientras ocurre todo esto, la Justicia no tiene soporte tecnólogico para reanudar los juicios por corrupción que involucran, entre otros, a Cristina Kirchner, Lázaro Báez y Cristóbal López en causas por sumas millonarias. La Argentina es el lugar donde la ley cae inmediatamente encima de una señora que quiere tomar sol en un parque enfrente de su casa, pero favorece a gente como Boudou o Jaime. Es también un lugar donde se demoran hasta el infinito las causas de corrupción que involucran a políticos y empresarios corruptos. Para los ciudadanos, fascismo. Para los delincuentes K, impunidad. Esto no puede terminar bien.

Parece de película, ¿no? Pues no. Eso es el kirchnerismo: extorsión. Eso es el kirchnerismo: patoterismo. Eso es el kirchnerismo: usar el Estado para seguir manteniendo personas que, a la hora de las elecciones, se traducen en votos. Eso es el kirchnerismo: chantaje organizado. Son la organización mafiosa por excelencia.

Fuente: Infobae.com     Dario Lopérfido

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