Hay miseria y se nota

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La noticia duele y avergüenza: la Argentina se ubicó como el séptimo país en el ranking de miseria mundial de 2020, que se realizó por segundo año consecutivo, y que encabeza Venezuela.

El Índice de Miseria (HAMI, por sus siglas en inglés) fue creado en la década del 60 por el economista Arthur Okun, asesor del expresidente de los Estados Unidos Lyndon Johnson, y completado en 2019 por su colega Steve Hanke, de la Universidad Johns Hopkins, quien incorporó otras variables al modelo original.

El estudio toma como instrumentos principales la inflación, la tasa de desempleo, la tasa de interés y la caída del PBI per cápita.

Si se consideran esas variables, el lugar de la Argentina en el ranking mundial no podría ser bueno, ya que la inflación se ha convertido en un mal endémico del país, al tiempo que el nivel de empleo no crece en forma genuina por lo menos desde 2011 y nuestro PBI viene registrando una sostenida caída, que el año último se acercó al 10%.

En la última edición del Índice, la Argentina aparece en un penoso séptimo puesto que en forma mentirosa podría verse como un avance respecto del segundo puesto obtenido en 2019, con la salvedad de que este año se amplió de 95 a 156 la lista de países estudiados, lo que maquilló, en alguna medida, los horrendos números de nuestro país.

Venezuela lidera con comodidad la tabla de posiciones de este vergonzoso ranking, seguida este año por Zimbabue, Sudán, Líbano, Surinam, Libia, la Argentina, Irán, Angola y Madagascar, en los primeros diez puestos.

Hanke, el impulsor de este índice, es profesor de economía aplicada y fue quien asesoró a Ecuador en el proceso de dolarización de su economía. Además, el año pasado, propuso también esa medida como solución para la Argentina y cuestionó las acciones implementadas por el gobierno de Alberto Fernández para hacer frente a la pandemia del Covid-19, al sostener que la cuarentena estaba llevando a millones de personas a la pobreza sin obtener resultado alguno.

Algunos especialistas han cuestionado este índice, por cuanto su matriz castiga en mayor medida a aquellos países con alta inflación, y coinciden en que es un modelo de medición coyuntural y no estructural, como lo es, en cambio, el Índice de Desarrollo Humano, elaborado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que además tiene en cuenta la pobreza, la educación y la salud.

En la contracara de la tabla, entre los países que tendrían una mejor posición se encuentran Guyana, debido a un reciente hallazgo de petróleo que incrementó considerablemente su PBI per cápita; el segundo puesto es para Taiwán, y el tercero, para Qatar.

Más allá de las evidentes limitaciones del modelo HAMI, que entiende al bienestar solo como una conjugación de crecimiento económico, baja inflación, tasas de interés reducidas y pleno empleo, es necesario prestar atención a sus resultados, ya que estos reflejan el estancamiento e incluso el retroceso económico permanente que sufre la Argentina.

En definitiva, se trata de una alerta más, útil para analizar dónde está posicionada nuestra economía, y un dato elocuente de lo complejo que resultará emprender el camino de un desarrollo sostenible con los actuales guarismos y el mal desempeño en todas las variables estudiadas.

La Nación

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